lunes, 6 de septiembre de 2010

Cuetes, pulque y ¡basura!


Este fin de semana hubo feria en "mi pueblo",  con motivo de (obvio) el aniversario de un santo; el sábado estuvo tranquilo, en realidad todo el fin porque estuvo lloviendo; sin embargo, da pena ver lo que estos acontecimientos realmente son y sus consecuencias. Como en casi todos las comunidades, la gente aprovecha para beber como si el alcohol fuera a terminarse al día siguiente, los chavos para bañarse en espuma que siempre termina bañando a algún inocente; hay comida chafísima, vieja, con exceso de un aceite negro.
Como consecuencias la mayoría de las ferias deja a su paso un tapete de basura y de olores desagradables, hasta al más ecologista se le olvidan los buenos hábitos de no tirar basura en la calle; hoy que salí temprano era una cosa muy desagradable.
Y para fregarla, no faltan 2 ó 3 borrachitos con una imagen espantosa que te salen al paso acostados en banquetas como si estuvieran en la playa.
En realidad todo esto no me había molestado jamás, puedo decir incluso que no lo notaba, es increíble las cosas que comienzo a percibir.
Cuando mi mamá vivía la feria era el mejor acontecimiento del año, porque reunía a toda su familia en una comida deliciosa, no parábamos en la dichosa feria, porque dentro (de la casa) estábamos mejor, felices; convivíamos, entonces jamás escuché hablar mal a una tía de la otra, entonces todo era risas y bromas; entonces ella estaba conmigo y el día lo terminábamos con café y sintiéndonos agradecidas por el lugar que ocupábamos en este mundo.
Ayer, día más relevante de la feria, lo pasé encerrada, viendo llover, escribiendo, terminando pendientes y creando unos nuevos, haciendo zapping y comiendo las 12 hrs que estuve despierta.
Sola.

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